Lucero es la segunda vez de una idea. En la primera, la base me quedó chica y el plafón no entraba. La imaginaba más grande, más presente.
Volví al barro. Esperé el secado, el horno y ese momento de abrir la puerta sin saber cómo salió el esmalte. Aprendí a amigarme con el proceso: probar, esperar, confiar en que lo que imagino puede salir bien.
Salió. Azules, verdes y ocres que se superponen y chorrean, jugados, alegres, sin pedir permiso. Arriba, un plafón de opalina blanco que difumina la luz.
Como todas mis piezas, es única: escultórica, distinta a cualquier otra. Con el dimmer, su luz va de un resplandor apenas a una luz plena, como un lucero cuando cae la tarde.
Tamaño:
28 cm alto luminaria
22 cm ancho
La pieza recibida puede presentar leves variaciones respecto a la imagen.





























